La timidez en los niños

Unos breves consejos para que los padres ayuden a vencer la timidez de su hijo

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Trinidad Bonet Camañes

Habitualmente la timidez surge en la infancia y permanece en la edad adulta, constituyendo un problema que puede afectar a los sujetos a todos los niveles :personal, emocional, afectivo, social y profesional. Por ello, es un tema muy impor­tante que debemos intentar prevenir o solucionar en caso de que ya haya afectado al individuo, siendo la infancia el periodo de tiempo más adecuado para ello puesto que se trata del momento en el que las personas somos más fácilmen­te moldeables, y  la etapa donde aprendemos a relacionarnos con los demás.

¿QUÉ ES LA TIMIDEZ?

La timidez es una preocupación excesiva de la persona a ser evaluada por otros.

Si tu hijo es tímido:

  • Se callará y se esconderá cuan­do lleguen extraños o cuando vayáis a visitar a algún amigo o familiar a su casa.
  • Son muy sensibles a las señales de rechazo.
  • Evitan comenzar acciones que atraigan la atención de los otros. En caso de que así sea, se pondrán rojos y se ruborizarán.
  • Hablan bajito y no mantienen mucho la mirada.
  • Suelen interactuar poco, contar pocas cosas suyas, evitar el contacto con los demás.
  • Les cuesta mucho ir a comprar solos, pedir cosas en las tiendas, saludar, invitar a sus amigos a casa.
  • Tienen un bajo nivel de autoestima.
  • No se atreven a preguntar en clase, a salir voluntarios aunque se sepan la lección.
¿POR QUÉ OCURRE LA TIMIDEZ?

Hay un cierto grado de timidez natural ante personas y situaciones nuevas que actúa como un mecanismo de defensa que nos permite evaluar una vivencia antes de abordarla. Por ejem­plo, actuamos con precaución cuando acabamos de conocer a alguien porque no sabemos cómo va a reaccionar, y tomamos confianza a medida que vamos conociendo a esa persona.

Esa timidez natural es más intensa y frecuente en niños pequeños porque la mayoría de situaciones y personas son nuevas para ellos, y va dis­minuyen­do a medida que crece y se hace adulto.

Al nacer, los niños son los seres más indefensos de la naturaleza.Dependen de sus padres para comer, vestirse, asearse, etc. En definitiva, para poder sobrevivir.No saben hablar, jugar, leer… Todo esto son cosas que aprenden a lo largo de su crecimiento.Del mismo modo que aprenden estas conductas también aprenden a ser tímidos, a tener miedo o rabietas, a pelearse, o cualquier otro problema de conducta; y en ese aprendizaje inter­vienen tanto los padres como otros individuos que rodean al niño (familia­res, maestros, amigos ..).

CÓMO SE PRODUCE EL APRENDIZAJE DE LA TIMIDEZ

Lo que un niño hace, piensa o siente, depende de las consecuencias que esa conducta tenga para él. Si la conducta de un niño va seguida de un premio, recompensa o reforzador positi­vo, el niño tenderá a repetirla. El re­forzador positivo puede ser algo mate­rial como un caramelo o un juguete, pero también puede ser una sonrisa, una caricia, un beso, dejarles hacer alguna actividad que les gusta mucho, escucharles, prestarles atención …

El refuerzo positivo puede suministrár­selo el propio niño elogiándose a sí mismo, etc. A este tipo de refuerzo le llamamos autorrefuerzo.

Cuando la conducta no va seguida de un reforzador, es menos probable que vuelva a ocurrir en un futuro, se debi­lita y extingue.

Tradicionalmente se ha considerado la timidez en niños como una virtud. Observamos claramente esto en ejemplos como:

  • Los niños deben ver, oír y callar.
  • Los niños deben hacerse ver pero no oír.
  • El silencio es oro.
  • Hay que respetar la autoridad.

Por tanto, la conducta tímida es a menudo reforzada por los padres y otros adultos. Pensamos que no hay por qué preocuparse mientras el niño sea callado y respete las normas y lo con­sideramos como un niño bueno sin dar­nos cuenta de que con ello estamos potenciando la timidez.

En otras ocasiones lo que se re­fuerza es la conducta no tímida. Muchas veces nos encontramos con bebés que nos parecen simpáticos y sonríen mu­cho, y otras con bebés serios que se asustan con la presencia de un extraño. Los primeros reciben nuestra atención y nuestros mimos, les hacemos más carantoñas, más cosquillitas, les sonreímos más, por el contrario, nos apartamos enseguida de los segun­dos. Los simpáticos aprenden que sien­do así captan nuestra atención y cariño (refuerzo positivo) por lo que tenderán a repetir su conducta, mientras que los otros no aprenden a captar la atención de ese modo. Así, a medida que van creciendo, los bebés que son reforzados por sus sonrisas afianzarán esa con­ducta y se convertirán en niños agra­dables para nosotros, comunicativos, no tendrán problemas para relacionarse con otros … Y, por el contrario, los que no reciben esos refuerzos serán más serios y vergonzosos, tenderán a relacionarse menos con los demás.

Otro modo de aprender a ser tímido es por observación de modelos. Nor­mal­mente nuestros hijos tienden a imi­tar lo que nosotros hacemos. Ob­servan nues­tras conductas, las apren­den y luego las hacen. No es extraño ver que un padre y su hijo andan de la misma forma o tienen los mismos gestos. Te­niendo en cuenta esto, un niño que tiene como modelo a un padre poco hablador, que no reivindica sus derechos, que le cuesta expresar sus sen­timientos, etc., tenderá a comportarse de la misma forma.Es posible que de entre todos los hijos sea uno mas el que imite esas conductas. Es muy posible que además de ese aprendizaje por modelos de las conductas, ese hijo tenga un temperamento, una forma de ser más parecida al padre al que imita. Que exista otros factores más biológicos.

Otro factor a considerar y a tener en cuenta  son las capacidades del niño respecto a las exigencias de sus padres y las suyas propias. Puede ocurrir que un niño vea cómo su padre es muy competente en todo lo que hace, por ejemplo, que sea muy bueno en su trabajo, que tenga muchos amigos y se lleve bien con ellos, que sepa cómo tratar a la gente, que sea un manitas arreglándolo todo…; y que, por el contrario, el niño tenga más dificultades para realizar este tipo de cosas.

En ocasiones puede ocurrir que el padre se convierta en un modelo dema­siado perfecto para poder ser imitado y en otras puede ocurrir que el nivel de exigencia del padre sea demasiado ele­vado y nunca considere la actuación de su hijo adecuada. Ambas situaciones predisponen a baja autoestima y timi­dez.

Algunos niños necesitan más tiempo que otros para adaptarse a situaciones o personas nuevas. Tardan más tiempo antes de empezar a jugar con un amigo nuevo, esperan más tiempo para coger la comida o el juguete que les ofrece el vecino… Si no les damos el tiempo que necesitan para comenzar a jugar con ese amigo reciente o para coger lo que se les ofrece, les estamos quitando la oportunidad de aprender a comportarse como un niño normal.  Darles tiempo, sin presionarles, sin agobiarles sin enfadarse con ellos, sin señalarles ese retraso como algo negativo…Ten en cuenta que no todos aprendemos a la misma velocidad. Por ejemplo, unos niños aprenden a andar a los 9 meses y otros a los 15, sin que ello quiera decir que el primero caminará mejor que el se­gundo.

CRITERIOS QUE DETERMINAN SI UN NIÑO ES TÍMIDO

En primer lugar es importante tener en cuenta la edad de tu hijo antes de llegar a la conclusión de que es tímido. Como ya hemos dicho ante­riormente, cuanto más pequeño es un niño, tiene más posibilidad de ex­perimentar timidez. Tras su nacimiento, los bebés van conociendo el mundo que les rodea adaptándose a él poco a poco, y durante ese proceso van con reserva y precaución hasta alcanzar un grado de familiaridad normal. Recuerda, por ejemplo, cuanto tú mismo tienes que ir a una reunión donde no conoces a na­die. Entra dentro de lo normal que al principio te sientas fuera de lugar hasta que poco a poco vas conociendo a la gente e integrándote en el grupo. Eso mismo le ocurre a tu hijo, solo que en un número mucho mayor de situacio­nes. Espera a que crezca y comprueba si las situaciones que le producen timi­dez se van reduciendo.

Además de la edad, también es importante analizar la situación en la que tu hijo experimenta timidez. Como acabamos de decir, cuanta más nueva sea la situación para él, mayor grado de timidez experimentará. Puede ocurrir que se ruborice y esconda ante mucha gente pero no ante poca, ante des­conocidos pero no ante conocidos, cuan­do todo el mundo está pendiente de él, cuando se encuentra en un lugar donde nunca ha estado, ante una determinada persona que le produce temor …

Analiza la situación que ha provocado la timidez de tu hijo antes de decidir que es un niño tímido.

Otro factor importante es la inten­sidad y frecuencia en que el niño actúa tímidamente. Es normal que un niño se esconda bajo las faldas de su madre cuando llega la vecina que acaba de mudarse al piso de enfrente, pero si después de unos meses viéndola todos los días sigue haciendo lo mismo, debe­remos tomar medidas al respecto.

Por último, muchos padres tienen una idea preconcebida de cómo debe ser su hijo. Si ves que el niño de tu vecina es muy parlanchín y revoltoso, siempre está haciendo algo, tiene muchos ami­gos, etc., y tu hijo, por el contrario, es calladito y no se mueve mucho, llegas a la conclusión de que tu hijo es tímido sin tener en cuenta que no todos los niños son iguales y que cada individuo tiene un carácter distinto. Antes de decidir si tu hijo es tímido comprueba que en realidad no habla mucho porque le da miedo hablar o que no se mueve mucho porque siente vergüenza y pre­fiere quedarse donde está.

QUÉ PODEMOS HACER PARA EVITAR LA TIMIDEZ

En primer lugar, debemos tener expectativas realistas con respecto a nuestros hijos, ni demasiado altas, ni demasiado bajas.

Si le dices a tu hijo que “debe ser” un buen jugador de fútbol (ex­pectativas altas) y él se da cuenta de que es uno más en el equipo y no de los mejores, pensará que no está satis­faciendo tus deseos y que, por lo tanto, como ha fracasado, tú no le vas a que­rer. Como consecuencia, tendrá poca seguridad en sí mismo y un bajo auto­concepto, características de la timidez.

Por otro lado, también debes tener cuidado con las expectativas muy bajas.  Tratarle siempre como un niño pequeño , indefenso, incapaz, le convertirá sin lugar a dudas en todo ello. Para un niño sus padres son perfectos; si crees que tu hijo es in­capaz de vestirse, comer solo, jugar al fútbol, o lo que fuere, el niño puede llegar a asumir esa incapacidad que le trasmites.

Por lo tanto, mantén unas expec­tativas realistas y permite a tu hijo que se desarrolle dentro de los límites que corresponden a la etapa de maduración en que se encuentra. Sin embargo, ten en cuenta que no todos los niños de­sarrollan las mismas habilidades. Si, por ejemplo, la nota más alta que puede sacar tu hijo es un 7, ese 7 debe servir como un 10 para ti.

En segundo lugar debes evitar que califiquen a tu hijo de tímido o que le pongan cualquier etiqueta negativa, ya que ello puede provocar que el niño asuma que “él es así” y actúe ine­vitablemente como tal. Evidentemente tú tampoco debes “etiquetarle”.Este tipo de calificativos degradan la imagen que el niño tiene de sí mismo, lo que provoca que sus autocalificaciones sean negati­vas y que su autoconcepto disminuya.

No debes dar lugar a ello. Si te en­cuentras en una situación donde alguien verbaliza en voz alta cosas como : “ ¡ pero que niño tan tímido!”, “¿ pero se te ha comido la lengua el gato? “ , “eres un niño muy serio, te pareces a tu abuelo “ , podrías  manejarlo de esta forma, por ejemplo:”Eso es porque no te conoce toda­vía. Dale tiempo y verás como de tímido no tiene nada”, “Uy que va , lo que pasa es que es muy observador, y se fija.” Cosa que a veces es cierto.

En caso de que haya algo que avergüence al niño como, por ejemplo, mojar la cama, no se deben añadir cas­tigos ni regaños a la vergüenza que siente, sino ayudarlo a superar su problema. Evitar también el chantaje emocional. Por ejemplo: el que una hermana diga a otra:

“Si no haces lo que te digo le diré a tus amigas que te orinas en la cama”.

En tercer lugar los niños tímidos tienen un bajo concepto de sí mismos; es decir, no confían en sus capacidades ni en su valer como seres humanos. Este bajo autoconcepto va acompañado de pensamientos y autoverbalizaciones negativas. Las autoverbalizaciones negativas se refieren a que aquello que se dice de sí mismo y la forma en que se lo dice es negativo. Por ejemplo:

“Soy un desastre. Siempre me pongo rojo cuando conozco a al­guien. Seguro que se ríen de mí”.

En caso de que esto sea así, debes cambiar el autoconcepto negativo de tu hijo y hacerle ver lo positivo de sí mismo y el lado bueno de las cosas. ¿Cómo?:

1. Extinguirás las autoverbalizaciones negativas. Cuando tu hijo diga algo negativo de sí mismo le haremos ver todo lo positivo que tiene y todas sus cualidades. Le trasmitiremos que un fallo lo tiene cualquiera y que todos cuando no sabemos una cosa podemos equivocarnos, le indicaremos si es una exageración o algo que no es verdad. Y le diremos que todo poco a poco se puede aprender, y que le queremos igual a pesar de ese fallo o de esa dificultad.

2. Reforzarás autoverbalizaciones positivas, es decir, prestarás aten­ción cuando tu hijo diga cosas positivas de sí mismo.También reforzarás las críticas cons­tructivas que le permitan actuar me­jor en otra ocasión. Por ejemplo, cuando diga:

“He sacado baja nota en el examen porque he estudiado poco. Tendré que estudiar más la próxima vez”.

“me he caído de la bici, porque iba mirando hacia atrás, tengo que tener mas cuidado cuando vaya con ella, siempre mirar al frente.

En definitiva, consiste en hacer ver al niño que de los errores también se aprende. No vivirlos ni darles el valor de algo negativo ni permanente ni consustancial a él.

3. Por modelado. Ya hemos comentado que los niños aprenden observando a sus mayores. Si tu hijo ve que tú dices cosas positivas de ti mismo, que eres optimista, que no te frustras ante las dificultades, que eres positivo respecto ti mismo, y a las cosas que te ocurren, él aprenderá a percibir y a vivir de la misma forma su vida, las cosas que le ocurren , los problemas y a sí mismo. Te imitará en todo ello.

4. Es posible que al principio tu hijo esté muy acostumbrado a pensar de forma negativa e insegura sobre sí mismo, por lo que quizá le cueste hacer este tipo de autoverbalizaciones positivas. Si es así, deberás in­citarlo a que se de cuenta de que hace muchas cosas bien y a fijarse en ellas. No sólo deberéis reforzar su con­ducta, sino hacerlo de tal forma que lo atribu­ya a sí mismo y a nadie más. Atribuciones internas y personales de los éxitos.

“He hecho yo solo el rompecabezas, soy un manitas”.

5. Debemos enseñar a nuestro hijo a expresar sus sen­timientos, tanto de amor como de ira. Los “positivos”, como los “negativos”. Es importante no dar por sentado que nuestro hijo sabe que le queremos, hay que decirle “te quiero” y hacerle mimos. Si expresamos el amor y cariño que sentimos por ellos mediante palabras y gestos, si le hacemos preguntas sobre sus actividades diarias, si le contamos cosas nuestras de cuando éramos pe­queños o de nuestro trabajo, si le p­restamos un mínimo de atención cuan­do volvemos al hogar después de un día de trabajo, nuestros hijos también aprenderán a expresarnos su amor y a comunicarse con nosotros, y posterior­mente actuarán del mismo modo con otras personas.

También es importante dejar que exprese enojo cuando cree que algo es injusto. Por ejemplo, cuando se le está riñendo por algo que él no ha hecho. Hay que tener en cuenta que expresar enojo no es lo mismo que ser agresivo.

Debes enseñar a tu hijo que todo tipo de relación se basa en la reciproci­dad, y que por tanto deben aprender a compartir cosas tangibles (juguetes, comida …) o cosas como la televisión (por ejemplo, viendo un rato el progra­ma que le gusta al niño y otro rato el que te gusta a tí), o compartiendo una conversación, e incluso alabanzas y cumplidos.

Si queremos que nuestro hijo aprenda a recibir y dar cumplidos de forma natural, deberá observar que nosotros lo hacemos: nunca está de más decir a alguien en presencia de nuestro hijo, o a nuestro hijo, que le queda bien su peinado o el vestido que lleva…

6.   Es  muy importante enseñarles a ser responsables e independientes, a correr riesgos y a desarrollar capacidades que aumenten la confianza en sí mismos. Para ello podemos comenzar asignándoles tareas del hogar. Si queremos que nuestro hijo haga algo tendremos que comenzar haciéndolo primero nosotros con él, no esperar a que lo haga perfecto, o a que le salga sin habérselo pedido, si lo hacemos con él, y lo hacemos con buen talante, con alegría, como un juego…esa actividad se convertirá en algo divertido para él, aprenderá a hacerla y  poco a poco le dejaremos a que sea él solo quien lo haga. Así adquirirá buenos hábitos que le harán responsable, auto suficiente, seguro de sí mismo.

Cuando tu hijo lleve a cabo cosas difíciles, debes controlar el impulso de supervisarle e intervenir, a no ser que él lo pida, en cuyo caso puedes decirle:

“Creo que puedes hacerlo si lo intentas. Te enseñaré cómo em­pezar”.

Con ello también estamos animando a que se atreva a hacer las cosas y a que confíe en sí mismo. Hay que hacerle ver que para conseguir algo, primero tiene que intentarlo y además debes prepa­rarlo para afrontar tanto el éxito como el fracaso.

“Es muy posible que nos caigamos la primera vez que montamos en bicicleta, pero si seguimos in­tentándolo finalmente aprendere­mos.”

7.
Es muy importante que induzcas a tu hijo a que tome sus propias decisio­nes. Para ello, puedes comenzar deján­dole que sea él mismo quien elija su propia ropa. Si permitimos que nuestro hijo elija lo que quiere para él, se sentirá independiente y como con­secuencia su conducta adquirirá mérito, se sentirá contento por sus decisiones correctas y se responsabilizará de sus decisiones incorrectas.

8. Es necesario que nuestros hijos sepan hacer valer sus derechos y defender sus opiniones .Si tu hijo se está peleando con otro niño,  o con algunos de sus hermanos no debes mediar entre ellos. En caso de que lo defendieses aprendería que cuando está en apuros sus padres irán a salvarle, con lo que se convertirá en un niño dependiente y, posiblemente con el tiempo, buscará la ayuda de sus padres para resolver sus problemas. Si lo riñes por pelearse o por cualquier otro motivo, deberás hacerlo en privado ya que las repri­mendas en público avergüenzan al niño y pueden ser menos efectivas. Todo ella claro está dentro de unos límites. Si vemos que bien nuestro hijo, o bien el otro niño está siendo realmente “agresivo”, “abusón” o hay una clara superioridad en edad, fuerza, etc…por supuesto que debemos intervenir.

En caso contrario, no cometer el error de exigir que nuestro hijo sea valiente, se enfrente, defienda su opinión, y sea asertivo con los de fuera de casa, y en casa no le dejemos . Hay que saber que todas estas actitudes, y destrezas se aprenden y se practican en casa y luego cuando comprobamos su eficacia , lo generalizamos a situaciones fuera de ellas; de ahí que es tan normal y por lo tanto no debemos preocuparnos y debemos permitirlo, los conflictos , peleas y discusiones con los hermanos; están ensayando todos estos comportamientos.

9. Brindar al niño opor­tunidades sociales puede prevenir la timidez. Es mejor que tu hijo tenga contacto con la mayor cantidad de gente posible. Revisar qué tipo de familia es la nuestra , ¿ tenemos muchos amigos? ¿ Hacemos muchas actividades con ellos? ¿ Nuestra casa está abierta? ¿ Participo de las actividades para los padres que organiza el colegio de mis hijos? ¿ Me relaciono con los vecinos, con los padres de los amiguitos de mi hijo?.

También puedes proporcionarle la posibilidad de que se relacione con otros niños de su edad. Bajar al parque cercano al colegio o a casa, apuntarle a actividades extraescolares lúdicas. Aunque pasen muchas horas en el colegio y durante todo ese tiempo este con niños de su edad, hay que  tener en cuanta de que las relaciones sociales se aprenden en contextos no estructurados (recreos, juegos, …) por lo que además del tiempo que pase en el colegio debemos darle una ración extra de estar con niños de su edad en actividades lúdicas.

Si tu hijo es tímido, su casa, su juguetes, su habitación, la presencia de sus padres le van a ayudar mucho por lo que en primer lugar puedes invitar a un niño a casa para que juegue con él, e ir aumentando el número de niños que invitas a medida que se va habituando,  mas tarde él podrá ir a casa de ello.

10.      Por último, llevar a los niños actividades lúdicas ,  que participen en diversas actividades ( deporte, teatro, danza, etc…) donde se  es­timula la curiosidad intelectual y ayuda a llevar una vida social rica con otros niños de su edad, lo que contribuye a prevenir la timidez.

Ya para terminar, intenta que tu hijo supere su timidez poco a poco, es decir, ponle metas sencillas. Por ejem­plo, si le cuesta mucho pedir algo no puedes pretender que comience pidién­dole la hora a un adulto extraño. Deja que empiece primero por un miembro de la familia, luego por un niño de su edad y así sucesivamente hasta llegar a un adulto extraño y consiga solucionar su problema.

Préstale mucha atención y refuér­zale cuando no muestre conductas tími­das, y no hagas caso cuando se com­porte como tal.

Finalmente, recuer­da que no debes ser insistente ni an­gus­tiarte tú con el tema de la timidez ya que ello podría provocar que el niño sea más consciente de su problema.

Disfruta de la educación de tu hijo, es una aventura que no ha hecho mas que comenzar, para la que se requiere, paciencia, tranquilidad, coherencia, aceptación, ayuda, perseverancia, y amor.

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