Terapia infantil y juvenil

Trinidad Bonet Camañes, Psicóloga infanto-juvenil

Cuando una familia acude a nuestra consulta solicitando ayuda para su hijo, tiene ya un recorrido importante. Ya se han dado cuenta de que algo no marcha bien y de que no saben cómo ayudar a su hijo. Y ese es un gran paso. Quieren cuidar a su hijo y no saben cómo hacerlo: no saben lo que le pasa y por qué, y sobre todo no saben cómo ayudarle. Pueden haber hecho muchos intentos de solución, que al no ser fructíferos no han hecho más que agravar el problema, estar cada vez más confundidos ellos y el niño… y creando en ocasiones discusiones y desavenencias en la propia pareja y sentimientos en el niño de “algo mal hay en mi”.

Los niños y adolescentes están en periodo de formación y desarrollo tanto madurativo, físico, emocional, psicológico… se están formando, por lo que su propia inmadurez así como su vulnerabilidad al entorno, van a ser factores importantes en la explicación del problema y en su solución.

La explicación de las dificultades conductuales en los niños y adolescentes siempre va a ser un sumatorio de diversas causas, con mayor o menor peso específico en cada caso.

Acontecimientos vitales desde su nacimiento que pudieron dejar huella en su “personita”: cómo fue su embarazo, cómo estaba su mama en esos meses, como fue su parto, que tipo de vinculación afectiva se estableció con su mamá o su cuidador primario, que acontecimientos vitales existieron en sus primeros años de vida: nacimiento de hermanos, muerte de algún familiar cercano, o mascota, cambios de vivienda, de colegios, enfermedad de uno de los padres, dificultades económicas, accidentes … todo aquello que impidiera a sus padres seguir siendo sensibles a las necesidades de ese niño en formación y a sus cuidados, y que impactara en ese niño.

En ocasiones son problemas de un apego no seguro. Instaurado desde su nacimiento y que explica el problema actual.

Lo importante y tranquilizador es que ese tipo de apego no seguro se puede reparar, para ello hay terapias específicas donde los padres son los protagonistas en este trabajo a realizar.

Los niños y sus trastornos o dificultades de conducta son los detectores de que algo no anda bien en la familia y sus comportamientos inadecuados son señales de alarma, banderitas que sacan para que los adultos nos demos cuenta.

Trabajar en el ámbito infantil es trabajar primero con el entorno (familia y colegio), creando un entorno seguro y adecuado para ese niño, con esa edad, con esa madurez, con ese temperamento, con esas características.

De ahí que no haya recetas generales. Cada niño y familia es única y por lo tanto el tratamiento y la intervención también lo es.

Dar herramientas a los padres y estabilizarlos para que puedan conectar con las dificultades, emociones y sentimientos de sus hijos y sepan cómo ayudarles.

Todos los adolescentes, y algunos niños dependiendo de su edad y sus dificultades, tienen un papel activo en la terapia, acudiendo a consulta para aprender conductas y destrezas que no han podido aprender y para elaborar,   reprocesar positivamente, las situaciones que han podido vivir en su vida que les ha impactado negativamente (enfermedades, muertes, acoso escolar o bullying, abuso sexual) y les ha impedido crecer “sanos”.

Método de trabajo

Hay ocasiones donde, por diferentes motivos, los padres están en desacuerdo en llevar al niño a un psicólogo. Para poder realizar un estudio psicológico de un menor, o trabajar con él en consulta necesitamos tener el consentimiento de ambos padres.

Si este fuera el caso, sí podemos trabajar con el adulto que lo solicite, sin el niño, ayudándole a manejar las dificultades de su hijo y dotándoles de las herramientas necesarias.

Trabajar con los niños siempre va a ser trabajar con los padres, para poder ayudarles a crear un entorno lo más saludable para su hijo, para que los padres sepan cómo ayudarle en sus dificultades. En un alto porcentaje de casos, las manifestaciones desajustadas de los niños con esta intervención desparecen; en otras es necesario que el niño acuda a la consulta para poder aprender él mismo alguna destreza que le ayude a superar su dificultad.

Cuando trabajamos con el niño, dependiendo de la edad y del problema, puede entrar solo a consulta, aunque siempre los padres son informados del contenido de cada sesión, de lo que se ha trabajado, de lo que el niño debe hacer o practicar en casa y sobre todo de cómo ellos pueden ser co-terapeutas de su hijo, ayudando a generalizar en casa lo aprendido en la sesión.

La intervención con niños requiere mucho esfuerzo por parte de los padres: tiempo, organización de horarios, organización de cuidado de otros hermanos, planificación de actividades… y coste económico. Porque en ocasiones se requiere además la coordinación con el colegio en las tres fases (evaluación y diagnóstico, devolución de hipótesis y planteamiento terapéutico e intervención).

Nuestro objetivo siempre es ayudar lo mejor posible con el menor coste; por esa razón, facilitamos el tratamiento pudiéndose llevar a cabo sesiones online, facilitamos lecturas para la fase psicoeducativa, llevamos a cabo escuelas de padres, supervisamos el seguimiento de pautas o instrucciones a través de correo electrónico.

Primer año de vida

  • Problemas con la crianza: alimentación, sueño cuidado físico y afectivo.

De uno a seis años

  • Control de esfínteres: enuresis-encopresis.
  • Miedos, fobia y ansiedad: dormir solo, separarse de los padres, enfrentarse a persona y lugares desconocidos.
  • Problemas de conducta: rabietas, desobedecer, oposicionismo.

De siete a once años

  • Desarrollo social: timidez, inhibición, agresividad, impulsividad.
  • Adquisición de conocimientos y aprendizajes, adaptación escolar y rendimiento académico.

De doce a 14 años

  • Problemas con la imagen.
  • Adaptación social relaciones con sus iguales.

De 15 a 18 años

  • Acompañamiento y orientación en el proceso de cambio a la edad adulta.
  • Aceptación de la imagen.
  • Relaciones familiares.
  • Relaciones con los iguales.
  • Orientación académica y profesional.

Trastornos de inicio en la infancia y adolescencia

  • Trastornos generalizados del desarrollo: Asperger.
  • Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad ( TDAH).
  • Trastornos de conducta.
  • Negativismo desafiante.
  • Trastorno por angustia de separación.
  • Trastorno por evitación.
  • Trastorno por ansiedad excesiva.
  • Trastorno por tics.
  • Trastornos de la eliminación enuresis encopresis.
  • Mutismo.
  • Trastornos afectivos.

Somos un centro de referencia en la aplicación del EMDR en problemas tan importantes como: acoso escolar o Bullying, violencia de género, abusos sexuales y problemas de apego, vinculación y adopción.

 

Acoso Escolar – Bullying Terapia de Reparación del Apego

El proceso de terapia

En la primera consulta para niños menores de 10 años, acuden los padres solos sin el niño. Salvo que él expresamente esté pidiendo ayuda.

Trabajamos bajo el modelo cognitivo-conductual y EMDR. Para encontrar respuesta a los problemas y dificultades evaluamos los aspectos biológicos, psicológicos y sociales que pueden estar interviniendo.

Para resolver los problemas y superar las dificultades el paciente es una parte activa en todo el proceso: aprende a saber qué le pasa, por qué le ocurre y cómo solucionarlo.

En este proceso hay cuatro etapas:

1- Hay una primera fase de evaluación del problema.
Se recoge toda la información pertinente mediante entrevistas, con la ayuda de cuestionarios y pruebas estandarizadas.

Se analiza toda la información sobre el problema: cómo surgió, cómo se ha ido manifestando, qué variables parece que influyen sobre él, habilidades de afrontamiento, intentos de solución, situaciones vitales … etc.

Se contacta con el colegio en caso de ser necesario, siempre con la autorización de los padres.

La evaluación suele durar, dependiendo del problema, de dos a tres sesiones.

En ocasiones es necesario administrar tests psicométricos: Tests de inteligencia, aptitudinales, de personalidad, entre otros. Siempre se informará de su función y del coste económico, que variara dependiendo del número y tipo de pruebas cumplimentadas. En todos los casos los padres deben dar su consentimiento para poderlas administrar.

Mantenemos la privacidad, y la protección de los datos suministrados. Por ello:

  • No enviamos informes por fax o mail.
  • No damos información a terceros (colegios, otros profesionales) sin la autorización del paciente.
  • No vemos en consulta a menores sin el consentimiento de ambos padres (sí asesoramos al adulto sin que venga el menor a consulta).

La intervención y el tratamiento siempre están ajustados al paciente.

2- Hay una segunda fase educativa: donde se explica la hipótesis diagnóstica y el diseño del plan terapéutico:

  •  El problema, su origen, las causas que lo originaron y las que lo están manteniendo.
  • Se fijan unos objetivos a conseguir y se describen las pautas necesarias para ello.

Esta fase se realiza en una única sesión de una o dos horas de duración según la complejidad del problema.

3- Fase de entrenamiento
El paciente aprende las distintas estrategias, pautas y habilidades necesarias para la consecución de los objetivos fijados.

En esta fase se enseñan y aprenden técnicas de modificación de conducta cognitivo-conductuales. Son técnicas dirigidas directamente a cambiar conductas, emociones y pensamientos, apoyadas científicamente, con una eficacia que facilita intervenciones y tratamientos breves, y focalizados en el problema. Al paciente le es fácil evaluar la eficacia de estas técnicas y los resultados que con ellas obtiene.

Esta fase suele durar, a razón de una sesión semanal, entre 3 y 5 meses; siempre dependiendo del problema y del trabajo personal que el paciente realice entre las sesiones.

En ocasiones, el paciente sí dispone de las habilidades y destrezas suficientes para hacer frente a sus dificultades, y sólo hay que indicarle por dónde empezar y acompañarle en el proceso.

4- Fase de generalización y mantenimiento
Una vez conseguidos los objetivos marcados, se mantiene durante unos meses el contacto, bien en consulta, bien telefónicamente o mediante correo electrónico. Mediante este trabajo nos asegurarnos el mantenimiento y afianzamiento de los resultados , y resolvemos dudas y dificultades que pudieran surgir.

 

¿Qué debo tener en cuenta como padre o madre si mi hijo hace terapia EMDR?

La terapia EMDR con niños tiene algunas particularidades que la hacen diferente al resto de terapias tradicionales.

El cerebro de cada niño es único y todo lo que le sucede es muy importante, ¿por qué? Porque el desarrollo que tiene lugar en el período prenatal y los cinco primeros años de vida, sientan las bases de su salud física y psicológica, al igual que las relaciones de apego.

Se ha demostrado que el trauma en el infante interfiere en la regulación emocional, en la conciencia de la conducta, en la cognición y en la formación de la identidad.

Por todo ello el primer paso que realizaremos es una evaluación del problema del niño, no siendo siempre necesaria la intervención con él, pues en muchas ocasiones el trabajo emocional con los papás lo hace prescindible.

Se elabora una línea de vida con todos aquellos acontecimientos traumáticos que hayan podido afectar a ese “cerebrito”, para lo cual necesitaremos la ayuda de los papás sobre todo en eventos que ellos no puedan recordar, como pueden ser un embarazo de riesgo, un parto problemático, el uso de fórceps, estar en una incubadora, sufrir separaciones bruscas de alguna figura de apego, intervenciones quirúrgicas tempranas, etc… Una vez que hayamos completado su línea de vida, habrá eventos que trabajaremos primero con la mamá o el papá, para después hacerlo con el niño, estando ellos presentes en la sesión, e intentando “reparar” lo que no se pudo dar en aquella situación.

La intervención con aspectos traumáticos en niños, nunca se realizará sin una buena fase de preparación. Muchas veces están muy bloqueados y es por donde primero se debe empezar. Después, ayudaremos al niño con recursos y estrategias para poder afrontar las situaciones problema, y solamente entonces pasaremos a procesar su línea de vida. Algunos de estos recursos son poder hacer una narrativa de lo ocurrido, reescribir los hechos, dibujos, juego simbólico, caja de arena, máquina del tiempo, ayudantes poderosos, lugar seguro, ejercicios sobre creencias positivas como el “yo puedo”

Siempre respetaremos el tiempo de cada niño, ya que si no se hace, se corre el riesgo de “retraumatizar”, cronificando el problema. Por eso siempre os recomendamos profesionales titulados oficialmente en EMDR y que busquen siempre el bienestar del niño.

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