La conducta de los niños y sus problemas de conducta

Cuadernos de Educación para la salud
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Concejalía de Salud y Servicios Sociales
Ayuntamiento de Madrid

El cuidado y la educación de los niños,  sus conductas, sus problemas y el desarrollo de su personalidad son asuntos que tienen una gran importancia en la vida de nuestra comunidad. Este cuaderno nos enseña cosas muy interesantes sobre la conducta de los niños y puede ser una valiosa ayuda para los padres, maestros y otros adultos que dedicamos tanto tiempo e interés a nuestros pequeños ciudadanos. Vamos a leerlo con mucha atención.

LOS NIÑOS APRENDEN A COMPORTARSE

Cuando un niño nace, no sabe jugar, estudiar, pensar, querer a los demás, prestar atención, hablar…Todas estas habilidades y conductas y la inmensa mayoría de las que un niño manifiesta las va aprendiendo a lo largo de los días y los años. Los padres, maestros y otras personas de la comunidad intervenimos de manera decisiva en ese largo y complejo aprendizaje.

Las rabietas, agresiones, peleas, miedos, timidez, desobediencia, problemas con las comidas… y la mayoría de los problemas de conducta que los niños presentan durante el desarrollo de su personalidad también los aprenden, no nacen con ellos. Y también en ese aprendizaje intervenimos activamente nosotros.

Jugar, pensar, tener miedo…y la mayoría de lo que un niño hace, piensa y siente son conductas aprendidas. Para comprender a los niños, prevenir sus dificultades y ayudarles a resolver sus problemas es importante, pues, que sepamos explicar cómo aprenden sus conductas y sus problemas de conducta y cómo cambian y desarrollan su modo de comportarse. Vamos  a verlo.

EXPLICACIONES INADECUADAS DE LA CONDUCTA DE LOS NIÑOS

Para conseguir estos objetivos quizá tengamos que cambiar primero algunos modos habituales de explicar la conducta de los niños. En efecto, algunas de nuestras explicaciones son inadecuadas. Veamos.

1. El recurso al destino y a la herencia (“ha nacido torcido”, “le sale de dentro”, “ ha salido a su padre”, “cuando le da le da”, “…”) fomentan en padres y maestros actitudes fatalistas, de desconcierto y desánimo (“genio y figura”, ”no hay quien os entienda”…) el niño acaba pensando también de sí mismo que “ es incorregible” que “ha nacido torcido” que “ no hay quien lo entienda” … En estas condiciones es poco probable que desee cambiar y sepa cómo hacerlo. Entonces, los padres y los maestros quizá decidan “dejarlo por imposible”.

2. Las etiquetas (“apático”, “malo”, “responsable”, ”neurótico”, “egoísta”, “está mal de la cabeza”, “está loco”, “es hiperactivo”) y las interpretaciones precipitadas (“le veo como falto de afecto”, “ es que es muy inteligente”) también son serios inconvenientes. Veamos algunos de ellos

Son tan vagas e imprecisas que no nos permiten comprender con claridad lo que se quiere decir con ellas, no nos permiten saber quë es lo que ha ocurrido realmente.

Se prestan por ello mismo a multitud de interpretaciones diferentes. En efecto, ¿Cuántas cosas diferentes puede significar para distintas personas las etiquetas de “hiperactivo”,”malo”, etc.?

Por ser tan poco precisas y concretas dificultan el acuerdo. Es más, ocasionan con relativa frecuencia desacuerdos y discusiones entre aquellas personas interesadas por el niño. Uno de los profesores dice de Pedro que es “apático e irresponsable” y otro piensa que es “tímido e inseguro”. ¿Cómo podrían ponerse de acuerdo sobe la conducta de Pedro?

Con interpretaciones precipitadas corremos el peligro de equivocarnos frecuentemente.
Constituyen, además, generalizaciones incorrectas e injustas. El padre de Juan, olvidando muchas conductas positivas de su hijo, se fija solamente en una  (“Empujar a su hermano”) y es la única que tiene en cuenta a la hora de dirigirse a él (“ eres un agresivo”, “Siempre estas así”).

Por otra parte, si al padre de Juan le preguntamos por qué dice que es un “agresivo” nos dirá probablemente “porque ha empujado a su hermano”.Y si le preguntamos de nuevo por qué cree que ha empujado a su hermano, intentará explicárnoslo diciendo “porque Juan es agresivo”. Con estas respuestas, seguiremos sin comprender por qué Juan empuja a su hermano.

Si queremos ayudar a Juan y a Pedro a cambiar su forma de comportarse, estas etiquetas no nos aportan orientaciones útiles de cómo hacerlo. Por eso no es extraño que muchas veces estemos totalmente desconcertados y utilicemos procedimientos de cambio inadecuados: castigos indiscriminados, sermones, apelar a la “fuerza de voluntad” del niño, visitas repetidas y angustiadas a los especialistas para que “arreglen al niño la cabeza”, etc..

Un grave inconveniente de las etiquetas y del recurso a la herencia es que tienden a ver la conducta de los niños como una cuestión meramente personal, individual, e interna del niño. Como algo suyo propio que está dentro de él. Olvidando la estrecha relación que tiene con todo lo que ocurre en el ambiente y en la comunidad familiar y escolar en las que se desarrolla.

La conducta de los niños cambia con el paso del tiempo de una situación a otra. Sin embargo las etiquetas nos hacen ver al niño como inalterable, le marcan a veces para toda la vida. Invitan por eso a la pasividad: “él es así que le vamos a hacer…”.

Veamos entonces.

PARA EXPLICAR Y CAMBIAR ADECUADAMENTE LA CONDUCTA DE LOS NIÑOS….
Lo primero que tenemos que hacer es describirla con claridad y exactitud, decir justamente lo qué pasó, de manera que se pueda saber a qué nos estamos refiriendo cuando lo comunicamos a los demás.

Si desarrollamos esta habilidad, evitaremos los inconvenientes de las etiquetas, seremos más objetivos y más justos y comprenderemos mejor a nuestros hijos y a nuestros alumnos. Vale le pena que nos entrenemos desde hoy mismo. Trata de localizar en el siguiente cuadro las expresiones que describan conductas de manera clara y precisa.

1. el agresivo e inmaduro. 2. empuja y tira a su hermano cada vez que este le quita su juguete favorito.
3. hiperactivo. 4. siempre que su madre le deja en el colegio se echa a llorar y está llorando durante 5 minutos.
5. es dependiente e infantil. 6. durante la hora de la clase se levanta unas cinco veces para ir a charlar con la compañera del fondo.
7. es un neurótico. 8. cuando no se le deja ver la TV se tira el suelo y patalea.
9. muy independiente 10.  se asea y desayuna solo todos los días.
11. muy tímido. 12. en el recreo suele estar solo, apartado de los demás.

Solución: 2, 4, 6, 8 ,10, 12.

Si alguna vez has dicho o dices de tu hijo o alumno cosas tan generales e imprecisas como: “es muy malo”, “es muy infantil”, “es un neurótico”, “es mimado e egoísta”, “es muy independiente”, u otras cosas por el estilo, trata ahora de definir con términos más claros y precisos a qué conductas te estás refiriendo. Te darás cuenta de que estás siendo más justo y objetivo y que los demás te entienden mejor.

Para poder describir con claridad y exactitud las conductas es necesario observarlas. Estas observaciones las podemos hacer a lo largo del día, en momentos concretos del día, en situaciones específicas o en otras condiciones que fijemos e antemano.

En ocasiones, para que nuestras observaciones y descripciones sean más rigurosas y objetivas, y no sufran deformaciones del olvido, nos será útil hacer registros escritos de las conductas que observamos y de la situación en la que esas conductas tienen lugar. En nuestros registros podemos obtener datos de especial interés:

– La descripción de lo que el niño hace, dice, piensa o siente, anotando cuántas veces (al día, a la semana, en una hora, durante la comida o durante la clase…) cuánto tiempo emplea en esa conducta (cuánto tiempo pasa tirado en el suelo llorando, cuánto tiempo tarda en terminar de comer, cuánto tiempo se está quieto, sentado…) la intensidad (cantidad de comida que toma, cuánto grita…)

– Dónde ocurren esas conductas (en casa, en el colegio, en la calle, en varios de esos lugares…)

– Cuándo (a la hora d comer, en el fin de semana, cuándo se le ha regañado, cuándo hay persona mayores delante…)

– Qué ocurre después (cómo respondemos nosotros, qué obtiene el niño…).

LA CONDUCTA DE LOS NIÑOS DEPENDE DE LAS CONSECUENCIAS QUE TIENE

Si observamos y registramos con cuidado la conducta de nues

tros hijos y alumnos nos daremos cuenta de algo muy importante: lo que un niño hace, piensa y siente no ocurre “porque sí”, “por capricho”, o de manera misteriosa. Por el contrario, dependen de las consecuencias que estas conductas tienen para el niño y para los demás. Ante la conducta de un niño tratemos de responder siempre a una pregunta clave: ¿Qué ocurre después, como respondemos qué decimos, qué hacemos nosotros a continuación?

Veamos….

Si la conducta de un niño (vestirse solo, estudiar) va seguida de un premio, recompensa o reforzador positivo (atención de sus padres maestros, elogio, palabras de aprobación), el niño la repetirá con mas frecuencia en el futuro y estará aprendiendo mejor.

Para que un niño aprenda, pues, una conducta, es necesario que esa conducta vaya seguida de un reforzador positivo. La atención, las palabras de elogio y aprobación se llaman recompensas o reforzadores positivos , porque refuerzan y consolidan las conductas .Hay otros muchos reforzadores positivos que los padres y los profesores podemos utilizar en la comunicación con nuestros niños: Sonrisas, leerles o contarles un cuento, caricias , escucharles, llevarles de paseo, dejarles jugar, jugar con ellos, caramelos, juguetes, puntos , un postre especial…La atención dispensada por los adultos es un poderoso reforzador para cada casi todos los niños.

Cuando la conducta de un niño no es reforzada con un reforzador positivo, no va seguida de consecuencias agradables, es menos probable que vuelva a ocurrir en el futuro, se debilita  y se extingue. Muchos padres y maestros damos por sentado que las conductas que consideramos adecuadas y deseables las tiene que manifestar lo niños “porque es su deber” o “porque es natural que lo hagan“, y por eso no nos acordamos de reforzarlas e incluso decidimos abiertamente no hacerlo. En esas condiciones nuestros hijos y nuestros alumnos no aprenden ni repiten esas conductas, sencillamente porque no las reforzamos.

En ocasiones, las consecuencias o refuerzos positivos se los administra el niño a sí mismo diciéndose palabras de elogio, pensando bien de si mismo, permitiéndose realizar una actividad placentera como premio. Es importante fomentar en los niños, sirviendo nosotros de ejemplo, la habilidad de reforzarse a sí mismo por lo que hacen.

INADVERTIDAMENTE REFORZAMOS A VECES CONDUCTAS INADECUADAS

Las conductas inadecuadas y los problemas de conducta también se aprenden si van seguidos de consecuencias y reforzadores positivos. A veces enseñamos y fortalecemos en los niños esas conductas porque sin querer, las reforzamos.

Si las travesuras de Luís en clase tienen como consecuencia atraer la atención del profesor y provocar risas y la diversión de los compañeros, es muy probable que Luís siga haciendo travesuras en el futuro. De este modo, Luís está aprendiendo a hacer travesuras en la clase, y el profesor y los compañeros, reforzándole con su atención y sus risas, le están enseñando a hacerlas. ¿Qué ocurre con la niña que ya es mayor y a la que sin embargo, su madre le da todavía de comer?

Con frecuencia dedicamos mucha atención y estamos más encima de las conductas molestas e inadecuadas de nuestros hijos y alumnos. A las positivas y adecuadas les hacemos poco caso, aún viéndolas, no las elogiamos. En algunos casos pasamos mucho tiempo tratando de convencerles mediante  largos “sermones” y “razonamientos” de que no deberían haber actuado así.    También esto es un modo de prestar atención a las conductas inadecuadas. Como resultado, estas conductas ocurren  más a menudo que las adecuadas. Y eso no es debido a que ”se les pega mas pronto lo malo”, como solemos decir, sino sencillamente a que atendemos y reforzamos más  las conductas inadecuadas.

IMPORTANCIA DEL REFUERZO SOCIAL

Para que nuestros hijos y alumnos aprendan conductas adecuadas y desarrollen su personalidad necesitan refuerzo social.

Refuerzos sociales son el abrazo, las sonrisas, las caricias, la aprobación, el elogio, el interés, la atención, el cariño que los padres y los maestros proporcionamos a los niños como respuesta a sus comportamientos. Este refuerzo social positivo es tan necesario como lo es el agua y la luz del sol para las plantas. Si queremos influir de modo efectivo en el desarrollo de los niños y queremos hacerles felices, con una buena autoestima y seguridad en ellos y unos comportamientos adecuados, tenemos que convertirnos en buenos dispensadores de refuerzo social.

Cuando un niño no recibe refuerzo social o este es insuficiente, manifestará deficiencias en su desarrollo, como una planta si agua y sin luz. No aprenderá a estimarse a si mismo y se deprimirá. Un niño deprimido es un niño que recibe poco refuerzos sociales.

Un niño que recibe de sus padres y de sus maestros poca estima y atención por sus conductas adecuadas puede llegar a descubrir que , portándose mal , llorando a todas horas, amenazando, manifestando quejas, realizando incluso conductas delictivas, siendo “la oveja negra” , es cuando obtiene mayor atención de los adultos. Es muy probable entonces que el niño repita esas conductas. Como crea problemas y es molesto, sus padres y maestros, trataran de “quitárselo de en medio” .De este modo se reducen más todavía las ocasiones en las que puede recibir de ellos refuerzo social .Pero probablemente comprobará que, al menos, controla e influye en sus padres y profesores a base a obligarles a evitarle por sus conductas problemáticas. Si además en otras situaciones (pandilla…) encuentra afecto, elogio y aprobación por sus conductas problemáticas, es muy probable que éstas se hagan  cada ve más frecuentes, a la vez que se van extinguiendo lentamente las conductas positivas.

COMO EMPLEAR EL REFORZAMIENTO Y LOS REFORZADORES

Una recompensa o refuerzo es más eficaz cuando es administrada inmediatamente después de la conducta del niño y mientras que ésta ocurre. A veces dejamos pasar mucho tiempo entre la conducta y la administración del refuerzo, y en este caso el refuerzo resulta ineficaz. Tratándose sobre todo de niños pequeños, y en los primeros pasos del aprendizaje de una conducta nueva, la promesa de reforzadores futuros (bicicleta al final del curso…) suelen ser poco eficaces para estimular el aprendizaje.

En las primeras fases del aprendizaje, el refuerzo debe darse cada vez que el niño manifiesta la conducta, y debe darse muchas veces. Las conductas sociales complejas (comunicarse con los demás, vertirse solo, estudiar, aprender a leer…) se componen de conductas más simples, de pequeños pasos. Hay que reforzarle por cada uno de estos pequeños pasos que el niño va dando hacia la meta completa, sin esperar que llegue a esta. Si queremos que nuestro hijo o nuestro alumno aprenda a interesarse por el estudio, debemos reforzarle por cada vez que realice alguno de los pasos que componen la conducta de un estudiante (traer la tarea hecha, dedicar más de 10 minutos a la lectura en casa…) ¿qué pequeños pasos debemos reforzar para que un niño aprenda a vestirse solo o a comunicarse bien con sus amigos?

Cuando una conducta está ya bien establecida aprendida y consolidada, el refuerzo será más eficaz si se da sólo de vez en cuando. Siempre que utilicemos reforzadores materiales (caramelos, juguetes, puntos…) o de actividad (dejarle ver la TV, sacarles al recreo, llevarles al cine…) debemos acompañarlos de un clima de refuerzo social positivo. De este modo el refuerzo social se hará más sobresaliente y tendrá más potencia por sí mismo, aunque se vaya retirando los otros reforzadores de actividad o material.

Para que un niño aprenda a comportarse de manera adecuada, se le reforzará la conducta adecuada, pero no la contraria. Si queremos que Antonio coma solo, le prestaremos atención y le elogiaremos cuando esté comiendo solo, pero no le prestaremos atención, cuando no coma, se distraiga o pida que le demos de comer.

LA CONDUCTA TAMBIÉN DEPENDE DE SUS ANTECENDENTES

Si queremos conocer todavía mejor a nuestros niños, tendremos que seguir observando y hacernos otra pregunta clave: ¿Qué ha pasado antes de que el niño manifieste su conducta, qué circunstancias y qué personas están presentes cuando él actúa, piensa o siente?.

Veamos.

Los padres y los maestros comprobamos muy a menudo que los niños manifiestan algunas conductas ( rabietas, miedos, desobediencia, problemas con las comidas, agresiones…) sólo en determinadas situaciones y circunstancias, y no en otras (una hora concreta del día , en casa de sus padres, en el colegio, en casa de otros familiares, el fin de semana…), en presencia de determinadas personas, y no en presencia de otras ( padre, maestro, hermanos, adultos desconocidos, compañeros…) ante unos estímulos concretos y no ante otros ( un objeto, un animal, la oscuridad, una consigna verbal dada por un adulto…) ¿ porqué? .

Veamos.

Si una circunstancia, persona o estímulo están presentes para el niño cuando una conducta suya va seguida de una consecuencia agradable, la conducta en cuestión ocurrirá con mayor probabilidad en presencia de esas circunstancias, personas o estímulos que en cualquier otra situación. Si la rabieta de un niño va seguida de un reforzador positivo (conseguir lo que quiere), en su casa y ante su madre, pero no en el colegio y ante el maestro, es probable que en el futuro tenga rabietas en casa y ante su madre, pero no en el colegio ni ante el maestro.

¿Por qué nuestro hijo tiene miedos en casa y no en el colegio, come mal en casa pero no en la de sus tíos?, ¿Por qué mi alumno está distraído en mi clase, pero no en la del oro profesor?

Cuando se hace tarde para que Antonio se ponga a desayunar y salga a tiempo para llegar al colegio puede ocurrir que su madre acabe vistiéndole. Las circunstancias de ser tarde, de no encontrar su ropa, etc., son antecedentes que determinan que la conducta inhábil de Antonio vaya seguida de la ayuda de su madre. Cada vez que ocurran de nuevo esas circunstancias es muy probable que Antonio vuelva a comportarse de manera inhábil, pues sabe muy bien que su inhabilidad va a ir seguida de la ayuda e su madre.

A veces mientras la madre de Antonio espera inútilmente que éste se vista solo, repite insistentemente una serie de advertencias : “ que te digo que vas a llegar tarde, que te vistas que ya eres mayor par a hacerlo tu solito, mira que no te lo vuelvo a repetir…” Si a pesar de todas estas insistencias, le acaban vistiendo, esas insistencias le recuerdan a Antonio que no debe apurarse, que su madre acabara vistiéndole.

¿Qué podría hacer la madre de Antonio para evitar todo esto?

Las instrucciones que en silencio, cuchicheando o en voz alta se dice a sí mismo un niño inmediatamente antes o mientras ejecuta una acción son estímulos antecedentes de auto-control que pueden influir poderosamente en su desempeño.

Todo el pasado del niño, la historia de su aprendizaje anterior, el repertorio de habilidades y conductas de las  que dispone son antecedentes que influyen en mayor o menos grado en su conducta actual, junto con los antecedentes inmediatos.

LOS NIÑOS TAMBIÉN APRENDEN POR IMITACIÓN

Una de las circunstancias antecedentes que más influyen en lo que los niños hacen, piensan o sienten son los ejemplos que observan en los demás niños, en sus padres, en sus maestros o los modelos simbólicos (cuentos, películas, historias contadas…) .Si queremos conocer, pues a nuestros niños, preguntémonos cuáles son los modelos a los que imitan. Como se comportan las personas que están a su alrededor si queremos ayudarles de manera efectiva, además de ser adecuados dispensadores de refuerzos positivos, tenemos que convertirnos en modelos adecuados para ellos, “predicando con el ejemplo”.

Los niños aprenden a hacer, sentir y pensar más bien aquello que ven y oyen, que aquello que les decimos que hagan. Así suele ocurrir cuando les decimos a gritos que hablen en voz baja, cuando les decimos que no fumen mientras que sostenemos un cigarrillo en la mano, cuando les pedimos que nos escuchen y nosotros no les escuchamos, cuando les prohibimos que peguen a los demás mientras que les estamos dando una bofetada y unos azotes; cuando les decimos que sean optimistas y que se animen mientras que nosotros lo vemos todo muy negro, cuando les pedimos que no teman mientras nosotros temblamos de miedo….

El aprendizaje por imitación es mas eficaz cuando el modelo recibe recompensas por la conducta que realiza, cuando el niño está muy atento al modelo, cuando reproduce mentalmente lo observado y lo revive después muy intensamente, y cuando el niño recibe reforzamiento por sus conductas imitativas. También será tanto más eficaz cuanto más cordiales y afectuosas son las relaciones entre el modelo y el niño.

La enseñanza por modelos unida al reforzamiento positivo dado al niño por imitar lo que le mostramos, es una estrategia eficaz cuando queremos que un niño aprenda una conducta nueva .Si esa conducta es compleja tenemos que dividirla en conductas más simples o metas más cortas e ir reforzando el niño a medida que va consiguiendo imitar al modelo en aproximaciones sucesivas.

LAS EMOCIONES TAMBIÉN SE APRENDEN

La tristeza, la depresión, la timidez, y otras muchas conductas emocionales complejas de los niños también se aprenden. En este aprendizaje, como en todos los demás, influyen también las consecuencias y los antecedentes.

El miedo es una conducta que nos ayuda a evitar ciertas situaciones peligrosas (un precipicio, el fuego…) .La mayor parte de los niños se asustan de algo. Pero hay niños que manifiestan muchos miedos o temen con tal intensidad que tienen dificultades para realizar otras tareas normalmente. Un niño puede temer a la oscuridad o a las tormentas porque alguna vez vivió una experiencia fuerte y desagradable (susto, accidente…) en un lugar oscuro o mientras caían rayos…Por otra parte puede haber entre sus familiares o conocidos personas que tienen esos mismos miedos y dan ejemplos de miedo ante el niño. Además el niño que tiene miedo puede recibir atención o reforzamiento de los demás por su conducta de miedo (¡qué pena… ven conmigo ¡!!) y la conducta estará siendo aprendida de una manera muy consistentemente.

Cuando decimos que un niño es tímido o retraído nos estamos refiriendo a que, en mayor o menor grado, es un niño que evita determinadas situaciones sociales, que pasa apuros ( ansiedad, ahogo, rubor, taquicardia, sudoración….) en ellas y que tolera mal el rechazo social. Lo que hace, piensa y siente un niño “tímido” lo puede aprender. El niño puede haber experimentado fracaso en situaciones sociales y quizá las evite en lo sucesivo. Oyendo a sus padres o maestros puede también  aprender a  valorar  y a temer determinadas situaciones sociales. Observa como ellos las evitan. La atención que se dispensa a su “timidez” y las etiquetas de “tímido” refuerzan más todavía su conducta.

En el desarrollo y aprendizaje de la depresión influyen varios factores. Uno muy importante es la falta de reforzamiento social como ya hemos visto. El niño quizá no haya desarrollado bien las habilidades sociales de comunicación y no obtiene reforzamiento de los demás, pasa desapercibido, los mensajes que le transmiten son negativos (“no sirves para nada…todo lo haces mall…no vas a llegar a nada en la vida…”). Otro factor es que oye a sus familiares valorarse a sí mismos y a las circunstancias que les rodean de forma negativa y pesimista ( “para qué vivir”,”no me ha servido de nada lo que he hecho o hice”,” soy un desastre”…) y aprende un determinado sistema de valoración. Cuando se muestra deprimido (llora con frecuencia, se siente culpable, se asila, se inhibe…) puede ser que reciba entonces más atención que nunca (¿qué pasa? ….¿te hemos hecho algo?…) Cuando se dan estas condiciones o algunas de ellas, el niño puede entonces aprender a deprimirse o a sentirse triste.

QUE HACER ANTE UN PROBLEMA DE CONDUCTA

Para intervenir de manera eficaz en los problemas cotidianos de conducta de nuestros hijos y alumnos debemos adoptar una actitud serena, pensar en las alternativas de cambio y recorrer los pasos previos que se definen en la página ****.El dramatismo, la irritación y el nerviosismo lo único que hacen es agravar el problema e impedirnos pensar en su solución.

Cuando  el problema dura ya desde hace mucho tiempo, causa graves trastornos en las relaciones familiares o escolares, o nos sentimos desbordados por él, quizá lo más razonable sea recurrir a la ayuda psicológica por  parte de un profesional.

Veamos algunos de los procedimientos que pueden utilizarse para cambiar conductas inadecuadas y problemáticas de nuestros hijos y alumnos.

Si, como ya sabemos, los problemas de conducta dependen de las consecuencias, una eficaz estrategia de cambio consiste en modificar esas consecuencias.

Veamos cómo establecer consecuencias diferentes.

1. Retirar la atención. Un procedimiento muy eficaz para reducir o eliminar los problemas cotidianos de conducta de los niños es ignorarlos, no a los niños , sino a los niños cuando se comportan de manera inadecuada, es decir, eliminar la consecuencia (atención) que hasta ahora su conducta inadecuada había tenido. Cuando retiramos la atención a esas conductas (mirando hacia otra parte, marchándonos a otro lugar…), el niño comprueba que comportándose de ese modo ya no obtiene  la recompensa de nuestra atención. Recordemos que sermonear, gritar, poner cara de desaprobación mirando al niño, etc.… son modos de prestar atención y, por tanto, de reforzar conductas que no deseamos. Este procedimiento requiere tener mucha paciencia y autocontrol por parte del adulto; persistir en ignorar mientras que dura el comportamiento es algo costoso, pero no imposible ; si lo hacemos comprobaremos como puede ser que en un primer momento la conducta inadecuada , por ejemplo, llorar o insistir en que le compremos algo, aumenta; el niño intenta por todos los modos que esa conducta siga siendo eficaz para conseguir su objetivo , que le cojamos al brazo o que al final le compremos lo que quiere; pero si nosotros nos mantenemos firmes haciendo extinción, no solo en ese momento se callará…sino que aprenderá para el fututo que esa conducta ya no va seguida de esa consecuencia que el obtenía en el pasado , que eso ya no funcionan, por lo que , ante una nueva situación, no sólo no la llevará a cabo sino que intentará realizar alguna otra que sea más eficaz…pedirnos por favor, sin llorar, sin tirarse al suelo, que le subamos al brazo, y aprenderá a que no siempre que se va a hacer la compra hay que comprarle “algo”. A posponer el refuerzo.

2. Prestar atención a conductas positivas y contrarias a las no deseadas. A fin de que la técnica de ignorar las conductas no deseadas resulte mucho más eficaz es muy conveniente reforzar, prestando atención, las conductas positivas. Es decir, debemos estar atentos en  pillar y reforzar a nuestros hijos y alumnos cuando muestren conductas positivas o contrarias a aquellas que queremos eliminar. Debemos hacer esto sin añadir reproches o comentarios sobre la conducta inadecuada como cuando decimos: “Hoy estás muy bien si no fuera por lo que me haces sufrir a veces…”
Haz una lista de varias conductas positivas y competentes que realiza, durante el día, tu hijo o alumno y trata de dedicar, a partir de hoy, más tiempo a pillarle en ellas y a reforzarlas más bien que atender a las conductas inadecuadas. Los resultados pueden ser sorprendentes.

3. Retirar otras recompensas. En ocasiones será conveniente el suprimir ciertos acontecimientos agradables (ver la TV, tener la puerta abierta a la hora de acostarse, etc.) si el niño manifiesta conductas inadecuadas. Todo ello debemos hacerlo de un modo tranquilo, sereno y sin muchas palabras. También es conveniente poner en práctica la sugerencia nº 2.

4. Tiempo-fuera o aislamiento. Hay  muchas situaciones en las que es difícil ignorar la conducta del niño, bien porque “el prestar” o “no prestar atención” no depende de nosotros (atención de otros niños, hermanos o adultos) o bien porque existe la necesidad de su interrupción inmediata (por ejemplo: agresión a otro niño). En estos casos puede ser muy útil el sacar al niño de la situación donde muestra su conducta inadecuada y trasladarle a un lugar donde no exista la posibilidad de obtener reforzamiento. Para que este procedimiento sea eficaz es necesario seguir una serie de reglas:
El lugar al que se traslade al niño no debe ser amenazante para él, pero si aislado y aburrido .Si le llevamos a su habitación y allí puede ponerse a jugar, el “tiempo-fuera” puede resultar ineficaz. Del mismo modo, si le sacamos de la clase al pasillo y allí está una hora jugando con otro alumno a las canicas y al mismo tiempo puede evitar con eso las “molestias” que la clase supone (atender, hacer las tareas, que te pregunten), no habremos adelantado nada.
El traslado debe hacerse inmediatamente después de que ocurra la conducta inadecuada. No se trata de descargar un momento de enfado nuestro, no es una venganza. Por esta razón debe hacerse con calma y firmeza, pero sin gritos ni agresión y anunciando el objetivo y el tiempo que durará (“cuando dejes de gritar y estar tranquilo, podrás salir y volverás con nosotros a cenar”).
Es normal que al principio el niño proteste, se enfade, e incluso llore mientras está en el lugar donde le hayamos trasladado, cuando eso es así no debemos sacarle de la habitación, no debemos interrumpir el tiempo-fuera hasta que cesen esos comportamientos inadecuados.
¿Cuánto tiempo debe durar ese tiempo fuera? Hay una regla: tres minutos por año que tenga el niño. A este procedimiento también se le llama “período de reflexión”, un tiempo para pensar por qué no debemos comportarte de manera inadecuada, valorar las ventajas de comportarse de manera adecuada. Aunque esto sea así, debemos tener cuidado y no tener como objetivo el que el niño al salir del tiempo fuera sea capaz de razonarnos perfectamente las respuestas de esas preguntas. Dependiendo de la edad seremos nosotros mismos los que verbalicemos en voz alta las respuestas. Lo más  importante va a ser el cambio en su comportamiento.

5. El castigo. Muy a menudo los padres y los maestros administramos, a las conductas inadecuadas de nuestros hijos y alumnos, castigos del estilo de palabras ofensivas “eres mas tonto que..”, “ te voy a dar” , bofetadas, encierros en lugares amenazantes, burlas y otras consecuencias por el estilo, con el objetivo de controlar y suprimir esas conductas. Con todo ello se consigue, a veces, la desaparición momentánea de la conducta problemática, sobre todo si ese castigo se administra de forma intensa e inmediatamente después de la conducta. Pero este tipo de castigo puede tener inconvenientes:

– puede ocasionar al niño daños físicos y morales. El niño puede sacar la conclusión de que no le quieren, de que no es válido, de que es un desastre. Puede aprender a tener miedo.
– El niño aprende a castigar del mismo modo que lo hace un adulto, pues éste le proporciona un ejemplo de castigo. Aprende a agredir.
– El niño tenderá a distanciarse de la situación en que es castigado y de la persona que le castiga, con lo cual, las relaciones con ella se deterioran.
– el castigo puede actuar como un reforzador positivo de la conducta que se quiere eliminar, en la medida en que el niño a través del castigo, recibe atención del adulto y del medio social.
– el efecto de algunos castigos sobre la conducta inadecuada es pasajero. La suprime de momento, pero el niño la vuelve a repetir una y otra vez. Esto ocasiona una mayor frecuencia y dureza de castigo y un “acostumbramiento” del niño y del adulto al mismo, pero sin modificar de modo permanente su conducta.
– el castigo puede suprimir conductas inadecuadas, pero por sí solo no sirve para construir un repertorio de conductas adecuadas.

Ahora que hemos visto los inconvenientes de un mal castigo, veamos como aplicarlo bien.

Los niños también deben aprender que las conductas negativas, inadecuadas, e inadmisibles tienen consecuencias negativas.
Si toco una sartén caliente me quemo y aprendo para el futuro a tener más cuidado con las cosas que están al fuego…. si voy con la bici muy deprisa y sin fijarme puedo chocar y caerme y hacerme daño, o si hago muy deprisa la letra, es muy probable que la profesora me la haga repetir… Todos estos son ejemplos de que las consecuencias de mis comportamientos negativos suelen ser consecuencias negativas que hacen que las conductas negativas desaparezcan o disminuyan  y eso es un castigo: la desaparición de una conducta al ir seguida de una consecuencia negativa.

Hay que tener en cuenta castigar sólo si el niño posee en su repertorio la conducta positiva adecuada y apropiada , si sabe comportarse bien de la manera que la situación lo requiere. Si esto no es así no se debe castigar porque el castigo nunca enseña la conducta  adecuada que no sé, con el castigo sólo aprendemos a no hacer la conducta negativa. En tal caso debemos enseñarle a como comportarse de manera adecuada en vez de castigarle.
Si sí posee la conducta adecuada y no la hace, y persiste en comportarse de manera inadecuada …y hemos probado todas las demás estrategias y no funcionan, el castigo debe ser inmediato, justo, sin carga emocional por nuestra parte, manteniendo la calma, y no castigando a la persona que comete el fallo sino al comportamiento; es muy eficaz si  aplicamos la consecuencia negativa  más natural al hecho que lo provoca; por ejemplo si rompe una cosa a su hermano pues que la arregle, o le dé la suya, o se la compre con sus ahorros; si nos ha mentido y oculta parte de los deberes que tiene que hacer, pues hacer esos deberes en una cantidad mayor que la que tenía que haber hecho; si ha pintado las paredes, limpiar las paredes que ha ensuciado, etc….

EL ALIVIO ES UN REFORZADOR

Cuando una conducta (llorar, decir, “me duele la tripa”, gritar, y reñir) tiene como consecuencia el fin de una situación desagradable (tener que ir a un recado, ruido de los alumnos) esa conducta se aprende. Si el maestro grita y riñe para que los alumnos se callen, y lo consigue, aunque sea de modo provisional, el maestro, aliviado y reforzado por el silencio de sus alumnos, esta aprendiendo a gritar para hacerlos callar. Y sus alumnos, callándose, le esta enseñando a gritar. ¿Qué está aprendiendo el niño que no quiere ir a los recados? ¿Y su madre? , ¿Qué están aprendiendo los alumnos? , ¿Y su profesor?.

LAS CONSECUENCIAS CONTRADICTORIAS

En ocasiones, una misma conducta de un niño tiene consecuencias diferentes, incluso contradictorias. Esto puede ocurrir por varios motivos. Las consecuencias pueden cambiar si cambia la situación: la conducta de correr no tiene las mismas consecuencias si ocurre en casa o en el jardín. El niño normalmente aprende a diferenciar ambas situaciones y se ajusta a ellas.

Pero en ocasiones al niño no le resulta tan fácil distinguir. Un día nos reímos ante una conducta y al día siguiente, dependiendo de nuestro humor, respondemos con la crítica o el castigo ante la misma conducta. Otras veces lo que ocurre es que existe desacuerdo entre el padre y la madre en la forma de reaccionar ante la conducta del niño, y uno de ellos no apoya lo que el otro ha dicho o hecho.

En estas condiciones, el niño no puede prever con seguridad las consecuencias que va a tener su conducta, y sentirá desconcierto, temor e inseguridad. Se considerará impotente para influir con su conducta en el ambiente y en los demás y para obtener reforzamiento de manera segura.
A veces no sabrá que hacer y quizá manifieste conductas contradictorias y desconcertantes, o quizá aprenda a sacar ventajas del desacuerdo e inconsistencia de sus padres.

ENSEÑAMOS A LOS NIÑOS Y ELLOS NOS ENSEÑAN A NOSOTROS

En las relaciones cotidianas con nuestros hijos y alumnos y a través de la forma de reaccionar ante sus conductas influimos en ellas y contribuimos a que cambien, a veces sin quererlo, en un sentido o en otro. Pero ellos también influyen en nosotros, nos enseñan y nos cambian. En definitiva, aprendemos conductas uno de los otros constantemente.

Veamos:

Si la rabieta de Pablo tiene como consecuencia que sus padres le prestan atención y le encienden el televisor. Pablo está aprendiendo a tener una rabieta cada vez que quiere conseguir ver el televisión y los padres se lo niegan, Sus padres, que proporcionan un reforzador positivo (encender la televisión) a su rabieta, le están enseñando a tener rabietas y están contribuyendo, pues a cambiar su conducta. Pero hay más. La conducta de los padres de prestar atención y encender la televisión va seguida de una consecuencia reforzadora para ellos: verse libres del llanto y de las pataletas de su hijo. Según esto, están aprendiendo a prestar atención y poner el televisor cuando Pablo tenga la rabieta para conseguirlo. Y Pablo al callarse y quedarse quieto por fin, controla la conducta de sus padres, les está enseñando a prestarle atención y contribuye a que modifiquen su conducta ante él.

CAMBIAR LOS ANTECEDENTES

Otra forma de intentar cambiar la conducta de nuestros hijos es modificando, controlando, cambiando los antecedentes, los estímulos, las situaciones donde se dan esas conductas.

Veamos algunos ejemplos:

1.- Cambiar de escenario. Si las insistencias de la madre de Antonio y las otras circunstancias hacen más probable que éste tarde en vestirse por la mañana, sería conveniente suprimirlas e introducir cambios en la situación. Dichos cambios (despertarle unos minutos antes, pedirle de buenos modos que colabore  con ella,  no tener la televisión encendida a esas horas”, ofrecerle una recompensa si termina pronto) harían muy improbable la ocurrencia de la conducta negativa.

Si un alumno se distrae con mucha frecuencia cuando está sentado en el último pupitre de la clase, al lado de la puerta, podría ser muy útil cambiarle de lugar (como por ejemplo: en la fila primera, cerca del profesor, al lado de un alumno aplicado…), con el objetivo de reducir esas conductas.

Del mismo modo si un niño tarda mucho en comer cuando encima de la mesa tiene un juguete, un tebeo, o la tele está encendida, cambiar de escenario es controlar esos estímulos, en este caso haciéndolos desaparecer.

Para saber qué cambios hacer en la situación donde aparece el problema puede ser útil analizar cuáles y cómo son las situaciones en las que el problema no aparece.

2.- Empezar por lo más fácil e ir poco a poco. Si un niño tiene miedo a la oscuridad quizás tengamos que reforzarle cuando sea capaz de estar tranquilamente en una habitación sin luz durante el día antes de pretender que deje de asustarse en una habitación a oscuras y por la noche. Del mismo modo que, en lugar de pretender que un niño “tímido” juegue con todos los niños o que salude con soltura a los adultos, debemos tratar primero de que se relacione con algún amigo que él  invite a casa y que diga al menos “hola” al vecino de al lado.

3.- Enseñarle nuevas habilidades. Si  en lugar de hacer reproches, le damos la oportunidad de aprender habilidades nuevas ( asearse, vestirse solo, nuevos juegos, normas de cortesía, autoinstrucciones…) y le damos  cordialmente, sugerencias de cómo comportarse en una circunstancia determinada, estaremos evitando problemas derivados de la falta de esas habilidades, sobre todo si reforzamos sus primeros éxitos en el aprendizaje.

4.-Dar ejemplo. Un antecedente fundamental para el aprendizaje de cualquier conducta o habilidad nueva de nuestros hijos o alumnos es un modelo de la misma que podemos ofrece mediante nuestro propio comportamiento o el de sus hermanos u otros alumnos.

5.-Contratos. A veces, tratándose sobre todo de niños mayores y adolescentes, es necesario realizar acuerdos mediante el diálogo. Hablamos con el niño de los inconvenientes que acarrea su problema de conducta, escuchamos sus razones y le decimos que nos gustaría que cambiara. A la vez mostramos también nosotros disposición a cambiar, acordamos qué cambios debe realizar él y qué cambios debemos realizar nosotros. A veces puede ser muy útil ponerlo todo ello por escrito.

RECUERDA …..

1. El comportamiento (lo que el niño piensa, siente y hace) y los problemas de comportamiento se aprenden.

2. La observación y la descripción clara y precisa de las conductas es un método muy necesario para comprender el comportamiento de nuestros hijos y alumnos y para conocer qué cambios debemos introducir en la situación y en nuestros propios comportamientos para ayudarles a cambiar.

3. Para ayudarles a cambiar debemos conocer con claridad lo que no debemos hacer.

a) No debemos intentar persuadirles mediante sermones.
b) No debemos recurrir a gritos, amenazas, o arranques de cólera cuando se comporten inadecuadamente. Recordemos que estamos sirviendo de MODELOS.
c) No debemos intentar hacerles sentirse culpables mediante acusaciones o reproches.
d) No debemos utilizar castigos físicos.
e) No debemos acompañar de críticas nuestros halagos y recompensas.
f) No debemos poner etiquetas.

4.  Para ayudar a cambiar a nuestros hijos y alumnos también conviene saber lo que debemos sí  hacer

a) Debemos prestarles atención y reforzarles cuando se comporten adecuadamente. Pillémosles comportándose adecuadamente.
b)   Debemos ignorar, cuando sea posible, las conductas inadecuadas.
c)  Debemos predicar con el ejemplo .Recordemos que nuestros hijos y alumnos imitan nuestro modo de pensar, sentir y actuar.
d) Cuando hayamos iniciado este nuevo modo de comportarnos debemos persistir en él pues los cambios no se producen de inmediato.

( versión revisada y actualizada por Trinidad Bonet Camañes . Junio 2010)

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